Si hablamos de GRANADA se nos puede venir a la mente que es el cielo de Andalucía por sus altos picos de montaña, que sus playas forman parte de la Costa Tropical española o que salir a sus calles y tomarte un aperitivo es la definición perfecta de “tapear”. Pero si algo hace característico a esta provincia es su pasado, y con ella la herencia que nos ha dejado desde cualquier punto de vista, histórico, artístico, gastronómico…

Por ello hay que desplazar las miradas hacia el corazón de la provincia, su ciudad de Granada, y así quizás transportarnos hacia la imponente Alhambra, la que fue ciudad, fortaleza y palacio erigida por los monarcas de la Dinastía Nazarí del Reino de Granada, símbolo de la ciudad, el monumento más visitado de España y la obra cumbre del arte musulmán en Europa.

 

Por suerte, y como no herencia musulmana también, esas miradas hacia la Alhambra se suelen hacer desde el famoso barrio del AlBAICÍN, lugar que despierta inquietudes y une curiosidades, ya que toda persona que adentra en sus estrechas calles descubre un barrio, que es algo más que un barrio: es un lugar Patrimonio de la Humanidad.

 

EL ALBAICÍN se encuentra ubicado al pie del cerro de San Miguel, justo enfrente de la majestuosa Alhambra.  Esta ubicación condiciona mucho su estructura y trazado de sus calles, pero es lo que lo hace singular debido a que no pierde el concepto de barrio y de calle que se tenía entonces.

 

¿ Sabemos el por qué de su nombre? Pues tenemos varias versiones según los historiadores , y seguramente entre todas ellas forman cada letra del nombre de este peculiar barrio:

Para algunos historiadores, el nombre  procede de la histórica ciudad de Baeza ( Jaén), que tras la batalla de las Navas de Tolosa (1212), abandonan Baeza para trasladarse a la ciudad de Granada, instalándose fuera de las murallas de la Alcazaba. Las personas que encabezaban estos traslados fueron Al- Baezzin y Al- Bayyazin, de ahí el nombre.

Para otros el nombre de  Rabad Al- Bayyazin se podría traducir como “Barrio de los Halconeros”, por la importancia que tenía entonces la cetrería.

Sin embargo para otros el nombre procede de un término árabe que significa “barrio en cuesta”

 

Pese a estas tres opiniones, ¿ qué entendemos cuando decimos Albaicín?

Hasta el siglo XV, no se generalizó el nombre de Albaicín, coexistiendo distintos barrios en la colina ya que los barrrios de las ciudades hispanomusulmanas eran de muy desigual extensión, algunos muy reducidos, comprendiendo incluso una sola calle.

Decir Albaicín, es,  decir calles estrechas, mercados artesanales, teterías morunas, acogedoras plazas, históricas y singulares iglesias, majestuosos palacios, y por supuesto maravillosas vistas. Pero si algo representa a este singular barrio son sus aljibes, es decir su sistema de canalización de aguas.

Decir aljibes, es decir agua, y para comprender la importancia que ésta tiene en el Albaicín y, por extensión, en el mundo islámico, tenemos que hacer una breve referencia a lo que el agua supone en el mundo musulmán: el agua le da significado a la vida y al conocimiento, es símbolo poderoso de renacer y vida, representa la pureza, de ahí su uso antes de los rezos, y es un don que pertenece a todo el pueblo por igual y hay que saberla utilizar.

Con esta perspectiva religiosa, purificadora y social nos acercamos a los aljibes del Albaicín

Los aljibes son uno de los grandes patrimonios del Albaicín. Estos depósitos de agua tenían una doble función: abastecer de agua a la población del barrio, que llegó a tener una alta densidad en la época nazarí, y una función religiosa, ya que gran parte de ellos estaban asociados a mezquitas como elemento purificador antes de entrar a rezar.

El agua que llegaba al Albaicín procedía, fundamentalmente, de la Acequia de Aynadamar. El origen de la acequia está en Fuente Grande (llamada así por ser el manantial más caudaloso del entorno de Granada), antiguamente llamada Fuente de las Lágrimas (Ayn al-Dama). Otro punto de abastecimiento procedía del río Darro por la Acequia de San Juan.

El agua de la Acequia de Aynadamar entraba subterráneamente por la Puerta de Fajalauza, situada en la parte alta del Albaicín y, a través de 12 ramales, abastecía de agua a los aljibes, tanto públicos como privados.

 

Hasta nosotros han llegado un total de 28 aljibes, en su mayoría, de época islámica, construidos entre los siglos X y XV y que se han mantenido, en mejor o peor estado, porque estuvieron en uso hasta mitad del siglo XX.. Después se abandonaron y fue a partir de los años 80 cuando la ciudad de Granada decide proceder a la restauración de estos.

De los 28 aljibes, 26 están en el Albaicín, uno en el Realejo (antiguo barrio judío) y otro en la Medina, donde está la catedral. La finalidad de los aljibes era doble: que el agua estuviera en reposo para que se depositaran las partículas en suspensión y almacenar agua suficiente para el abastecimiento de la población.

No hay un modelo único de aljibe: unos son rectangulares, otros tienen planta basilical, otros son circulares, algunos, en sus cubiertas, nos recuerdan construcciones iraníes.

La conjunción de aljibes, ese laberinto de calles que se engalanan de artículos artesanales, el frescor que su ubicación geográfica le proporciona y el verde natural hacen del ALBAICÍN, un barrio musulmán único y con un patrimonio impresionante.

 

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